CÓMO PERDER EL OJO DERECHO

Juan Carlos Chirinos



Hace unos años, un equipo de la Universidad de Manchester realizó una vívida reconstrucción del rostro de Filipo, con una impresionante herida en el ojo derecho, perdido en la batalla de Metone, en 354 a. C., lo cual le daba un aspecto de feroz guerrero. Sin embargo, la leyenda cuenta que la causa de esa lesión fue que, una noche, Filipo espió a su esposa yaciendo con una enorme serpiente. Preocupado, mandó un mensajero a consultar con el oráculo de Delfos, que le envió el siguiente mensaje: «Debes venerar a Zeus-Amón en especial por encima de los otros. Además, por haberlos espiado, perderás el ojo con el que cometiste tu fechoría». El intercambio carnal entre la reina y el dios tuvo como resultado el nacimiento de Alejandro. Y este supuesto origen divino fue utilizado por el conquistador macedonio como y cuando le convino: fue una de las razones para llegar hasta el confín del mundo conocido y adueñarse de él. Pero por otra parte, su «divinización» en Egipto y Persia le traería desavenencias con sus compañeros, poco dispuestos a ver en él algo más que el valeroso rey que los llevaría por tierras desconocidas en busca de aventuras y riquezas. Más allá de los motivos políticos, la historia del matrimonio místico de Olimpia ha generado una fabulosa tradición que tiene una de sus cimas más entretenidas en la "novela" Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, atribuida a Pseudo-Calístenes, en la que el origen de Alejandro no está en la zoofílica relación de Olimpia, sino en el intercambio carnal entre esta y el desterrado faraón Nectanebo que, disfrazado, se hace pasar por Zeus y así concibe al niño que un día regresará a tomar posesión del Egipto que había perdido su padre. Mejor esto, sin duda, que perder un ojo por estar de fisgón.