MOZART EN UNA MAÑANA DE SÁBADO

Juan Carlos Méndez Guédez



Escucho a Mozart esta mañana de sábado.
Después de un paseo abrí el Facebook y en algún sitio leí sobre un evento en el que participaban: “plumas tan insignes como Goytisolo y Saramago”.
Pensé que sí, que son
plumas-insignes,
bardos-de-la-contemporaneidad,
preclaras-voces-de-la-conciencia-moral-de-Europa,
bastiones-de-la-cultura-occidental,
y así, una tras otra se sucedieron muchas otras frases de ese grosor, de esa espesura.
Ahora escucho a Mozart. Busco la levedad. Que el aire me despegue del suelo, que sólo ocurra la indecisión de estos árboles que todavía ignoran el otoño.

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Al parecer, según la historia literaria que suelo escuchar y leer en congresos literarios, yo desperté una mañana en Salamanca y cuando fui a la librería me quedé congelado por la sorpresa. “Españoles...el realismo mágico... ha muerto... Hoy a las diez y veinte, hora de España, el popular realismo mágico falleció en extrañas circunstancias que no han podido ser aclaradas ”.
Corrí a casa para comprobar la noticia y en todas las teles y en la radio lo repetían sin cesar. La antología Mc Ondo con sus cuentos de hamburguesas y rayas de coca había provocado el suicidio del exótico sujeto hispanoamericano que llenaba de alegría las tardes europeas.
El sujeto en cuestión logró aniquilarse bebiendo litros y litros de una bebida que era una mezcla de sapos y de mariposas amarillas.
Llamé a mis amigos en Venezuela para comentarles la noticia. Nadie podía creérselo. Hasta ayer Remedios La Bella volaba feliz en todos los libros de todos los autores de todos los países hispanoamericanos, y hoy en su lugar sólo se encontraba un manchón de ketchup.
Desde entonces, cada vez que un amigo me habla de sus cuentos, de sus novelas urbanas repletas de hamburguesas, canciones de rock, fiestas salvajes, le pido que si se trata de libros anteriores a los años noventa haga silencio.
- Por favor, no sigas repitiendo esas cosas...la historia ya está escrita, a la historia no hay que llevarle la contraria con realidades.

*


Afirma Pessoa que entre él y la vida se interpone una niebla que le impide apreciar la vida en su transparente verdad.
Pero es quizás de esa niebla desde donde surgen los libros, los poemas, las novelas, los cuentos, las notas. Esa niebla que desfigura, que distorsiona, esa capa que se coloca entre lo inmediato y el ojo que contempla, es la forma más nítida a la que podemos acceder desde la invención de las palabras.
Escribimos para celebrar la niebla.