DICE ANDRÉS BELLO...

Juan Carlos Chirinos

Marilyn Monroe leyendo Ulysses (1952), foto de Eve Arnold


...al inicio de su célebre Gramática: «Yo creo, con todo, que esas dos cosas son inconciliables; que el uso no puede exponerse con exactitud y fidelidad sino analizando, desenvolviendo los principios verdaderos que lo dirigen; que una lógica severa es indispensable requisito de toda enseñanza; y que, en el primer ensayo que el entendimiento hace de sí mismo, es en el que más importa no acostumbrarle a pagarse de meras palabras.» Me gusta, aunque parezca alejado de mí, lo de la «lógica severa», porque desde hace tiempo he creído que cuando mejor entiendo las cosas, los conceptos, las ideas, es cuando aplico mi atención desde el principio. La redacción limpia de las palabras del gramático más importante desde Nebrija hay que seguirla con lectura lenta y masticada; porque cada frase trae su idea, y en estos tiempos de lecturas veloces en blogs, Twitter y Facebook, hemos perdido parte de la capacidad de atención que tenían nuestros abuelos, y que conste que el mío queridísimo nació en 1900 y ahora tendría 110 años y estaría aún esperando que le inventara su máquina para volar.

Así que cuando retomo la Gramática de Bello, rebuscando algún concepto que he olvidado, o que quiero conocer, me preparo como si fuera a hacer senderismo; el senderismo que me lleva a través de mi propio idioma hasta la almendra que es mi pensamiento. También me gusta mucho esta otra idea de Bello: que no hay que acostumbrar al entendimiento a pagarse de sus palabras, esto es, no adormecer el pensamiento con el sonido arrullante de las frases, sino obligarlo a darle la forma del sentido. La forma del sentido quiere decir que esa palabra o frase que se aloja en nuestra cabeza no solo suena, sino que significa. Y lo que signifique, muchas veces, le dará su forma.

Si digo «un idioma es el universo traducido a ese idioma», no se trata solo de la ingeniosa disposición de las palabras en la que el vocablo «universo» parece un espejo de dos caras en el que «idioma» se mira dos veces (idioma |UNIVERSO| idioma), sino que además es una proposición que va más allá de la reflexión lógica y hunde su intención en una curiosa disquisición filosófica. Hace poco una alumna en una universidad marroquí me rebatió esta frase diciéndome que una persona que habla dos idiomas no puede «ver» dos universos puesto que la residencia de esos dos idiomas es la misma: el cerebro del hablante, y por lo tanto no podría decir glass sin al mismo tiempo pensar en (o «ver») vaso (o lentes, o gafas, o vidrio...). me alarmó su reflexión, que apuntaba hacia un lugar para nada anodino, pero pensé al rato que quizá había olvidado que para eso existen los agujeros de gusano en la teoría de los universos paralelos, para que podamos colarnos de un universo a otro. En todo caso, la pequeña, e íntima, aventura de pensamiento que propone esa frase extraída del (enormísimo) poeta Ramos Sucre, nos conduce a desechar la elegancia de su construcción para obligar al entendimiento, como lo llama Bello, a no pagarse de sus palabras y obligarlo a hacer el senderismo intelectual cuya recompensa es el goce de ese verbo tan importante: discurrir. Quizá la mayor enseñanza que se pueda extraer de este pequeño fragmento de la Gramática de Bello sea la más simple:

lo primero que se hace, debe hacerse con juicio y consciencia.

Que no es poca cosa.