EL HOTEL MÁS LEJANO

Ernesto Pérez Zúñiga

Niño en la ventana, fotografía de Georgy Nuzhdin


1. Desde una terraza sencilla de hotel, un hombre vigila una ventana. La calle es estrecha, la distancia de toda una vida. Detrás de aquella ventana el hombre había sido niño, intenso prisionero. Hoy ha vuelto a la ciudad que fue suya. Ha aparecido en todos los periódicos. Desde la terraza de su hotel, el hombre observa al niño de la ventana.

El niño ha dejado el libro sobre la colcha roja de lana. La vida es triste, y eso le gusta.

Se asoma a la ventana. Hay una sola estrella, apenas visible. Han derribado la casa vieja de enfrente. Eso se llama “solar”, le ha dicho su padre, “ahí van a construir un hotel”. Y él se ha preguntado: “¿Para qué van a construir un hotel en esta calle, si yo ya vivo aquí? Los hoteles están en la playa, se dice, están en París y en San Petersburgo.”

2. “Los hoteles están en la playa”, recuerda el hombre, “están en París y en San Petersburgo”. “Todo es presente”, piensa desde la terraza del hotel, en la calle donde vivió tantos años. “Hay un solo instante sobre el que envejecemos, sobre el que nos movemos hacia la vejez, pero abandonando a su suerte cada impulso de ese movimiento. Al final, después de muchas vueltas, vendrás a alojarte aquí”.

Desde la ventana de enfrente, el niño le mantiene la mirada:

“La vida es triste; el futuro, un sueño, una aventura, y eso me gusta”.