FÁBULA

Nicolás Melini



Era una vez un país muy pobre muy pobre, en el que las familias solían ser lo más grandes que fuera posible, pues quiénes si no los hijos –y rara vez sobrevivían todos— podían cuidar a sus padres si estos llegaban a viejos. Pero ese país tan pobre tan pobre se convirtió, poco a poco y con mucho esfuerzo y no pocos golpes de suerte, primero en un país emergente, y luego en un país moderno, en una democracia avanzada de las que se encuentran entre las primeras economías del mundo; uno de esos países que son tan prósperos tan prósperos y tan ricos tan ricos… que la gente apenas puede permitirse tener algún hijo.

Y ahí estábamos. No digo que me hubiese gustado tener tantos hijos como tuvo mi bisabuelo, pero hombre, al menos dos o tres… Y sin embargo no me puedo permitir más que uno (con mi musiquita y mi cine, mi coche, nuestra casa, nuestras vacaciones, el colegio, el móvil y el fijo con ADSL y los seguros y cuotas de todo eso), porque si tuviera dos o tres hijos correríamos el riesgo de la exclusión social, no podríamos pagarles los zapatos y el colegio y, hombre, nosotros tenemos una educación (no somos bárbaros), a quién le gusta vivir en una chabola –aunque en la chabola parece que sí se pueda tener más de un hijo, a lo mejor hasta tantos hijos como se quiera o, al menos, tantos como tuvo mi bisabuelo.

Ahora nos sobreviene una crisis económico financiera (al parecer hemos estado comprando más pisos, más coches, más y más de todo lo imaginable y en cualquier caso más de lo que podíamos asumir. Y entre quienes nos prestaron el dinero para todo ello, más nuestros acreedores y quienes especulan con lo que tenemos y hasta con lo que no tenemos, se han hecho tremendo lío, nos han timado, alguien ha decidido que hasta aquí hemos llegado, o todo ello al mismo tiempo), así que a poco que nos descuidemos, tal vez, acabemos en la chabola de todos modos, con nuestro único hijo, y con menos pensión que lo que nunca hubiéramos imaginado.