LA NOCHE SUCKS

Ernesto Pérez Zúñiga



Uno entra en esta novela, como dice la escritura de Blanca Riestra, como en un espejo, un espejo múltiple, fragmentado, donde los pequeños seres que somos se cruzan, sin hablarse, con los seres que caminan por estas páginas, seres, palabras, fantasmas de la noche, una noche multiplicada, frágil, despiadada y sin remedio.

Los personajes son vistos, desnudados, cuando creen que son invisibles, ocultos: “Duerme –dice Blanca- con la boca abierta soñando con quién sabe qué complicados vericuetos monetarios”.

Es una “novela por la que caerse –dice Blanca-, como por un embudo, una novela por la que dejarse caer”.

Porque “la mujer –dice Blanca- piensa que el mundo es un embudo”.

Una novela por la que caerse, como por un mundo.

Un mundo poderoso cruzado por incontables y débiles soledades.

“Una novela como un bosque –dice Blanca- donde las historias dibujen figuras sólo perceptibles desde arriba”.

Valle Inclán miraba desde arriba con una lupa deformadora.
La mirada de Blanca Riestra usa una lupa desnuda y solitaria, tan desnuda y solitaria que el lugar de la lente ha sido ocupado por el aire de la noche.

Los personajes perdidos en el bosque de la noche.

“La estructura –dice Blanca- traza círculos concéntricos que cercan poco a poco el sentido”.

Igual que en el embudo mundo.

“El verdadero personaje es la cadencia”, dice Blanca.

Igual que en el embudo mundo.

Soñé que tenía los ojos vendados y dentro de un embudo caminaba.

Así es como un novelista escribe

y así esta novela atrapa la realidad en un sentido amplio, más verdadero que el pretendido y unilateral realismo: los pasos, los sueños, la desdicha, los neones de la ciudad, los personajes que nacieron precisamente en la máscara de la realidad;

y la propia narradora que, al encarnarse en las páginas con estricta soledad, pasa a formar parte del bosque.

El bosque de la noche.

“- ¿Has pensado alguna vez en la noche?
- Sí pero pensar en algo que no conoces en absoluto no sirve para nada”.

Dice Djuna Barnes.

Para conocer la noche hay que adentrarse, tocar la sombra de los demás personajes como hace Blanca Riestra como narrador espía, y como narrador-personaje que se espía a sí misma.

“Ahora Burque ya no existe –dice-, sólo es un pensamiento pensado por un loco”.

“La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia y que no significa nada”, dice Macbeth, dice El ruido la furia.

“El mundo es así”, escribe Blanca Riestra, “un entramado de mensajes incomprensibles, y todo lo que uno expulsa acaba por volver y todo lo que uno rechaza lo acaba llevando dentro para siempre”.

Y, atenta, frente a la noche rota con barras de neones, se sitúa la novelista. Dice: “La vida por aquí es así insondable. como si alguien se hubiese preocupado de sembrar de incongruencias el mundo conocido. Yo trato de fijarme bien y retener esos pequeños símbolos vacíos”.

Y así nos entrega la realidad: el personaje que abarrota en el supermercado un carro de la compra y lo abandona en una esquina para volver a casa, aliviado, con las manos en los bolsillos.

O el negro músculo cardiaco de la sargento Lindie, presa y sin la careta de monstruo, contando su felicidad pasada en la barbarie, compatible con lo que llamamos “actualidad”, focalizada por internet y las televisiones; la actualidad, a pesar de las apariencias, humana, y en interacción constante con nuestra realidad.

Todo lo que ocurre es real y simultáneo, dentro y fuera de nosotros, dentro y fuera de la literatura, pero fijado hermosamente por esta literatura que se entrega a la estética compleja de un “realismo simultáneo”.

“A menudo me he preguntado –dice Blanca- dónde está la cámara que, proyectada contra un fondo negro, inventa el mundo”.

La literatura lo inventa contra un fondo blanco.

“Yo era aquel astronauta perdido en el espacio –dice Blanca- que no puede regresar a la nave nodriza y contempla desde fuera la canica azul a la que no volverá nunca”.

El aire de la noche.

Dónde está la cámara que proyecta sobre un fondo negro.

La novela avanza como los negativos de una película, sumándose unos a otros, y cuando los personajes hablan parece que cantan un blues.

“Veo círculos dibujados sobre la tierra –escribe Blanca Riestra-. Cientos de pensamientos funcionan en paralelo y salen volando como dirigibles en la noche. Nacen de cabezas durmientes, de cabezas insomnes, de cabezas ajenas a sí mismas”.

Esta novela nos aúna en una sola geometría, rota por todas partes. Nos contagia, con esa cadencia personaje que se instala en el balcón interior para mirarnos hacia dentro, para seguir cantando y callando, un golpe, la soledad de las montañas sobre el desierto, una grieta en una acera; otro golpe, una caricia bienintencionada, torpe, desaparecida; nos contagia con esa fuerza poética que tienen las novelas que más me gustan, escritas desde la energía desconocida de las tripas y pulidas con conocimiento literario.

[Presentación en Los diablos azules, Madrid, día de San Juan, 2010]


La noche sucks, (Alianza Editorial, 2010), de Blanca Riestra